martes, 23 de abril de 2013

OTOÑO: A SANGRE Y FUEGO


El resonar de las botas de los guerreros del caos es el único sonido en Fuerte Tumulo. Tras revisar todas sus estancias y salones sólo el rechinar del viento en los aleros responde al escrutinio de los hombres de Kratos.

El fuerte esta aun en pie, y relativamente intacto, a pesar del tiempo transcurrido desde que el último guerrero bretoniano habitará allí.

Observando desde el centro del patio de armas el registro de sus hombres, Kratos se pregunta que paso con los guerreros de bretonia. Ninguna marca en la muralla, ningún montón de huesos en las almenas o en el resto del castillo. Parece como si los jinetes de Bretonia hubiesen desaparecido sin más, tragados por la misma tierra.


A pesar de todo el señor del Caos siente un desasosiego interior como no notaba desde hace muchos años. Algo se encuentra en Fuerte Tumulo y no parará hasta encontrarlo; se gira hacia una mujer vestida con una ceñida túnica de colores fríos, que parecen cambiar según se mueve su dueña o los agita el inexistente viento.

- Aquí no hay nada, hechicera.- Kratos clava sus duros ojos en la mujer, que les sostiene la mirada sin pestañear, los ambarinos ojos parecen reírse de él, a la vez, que le temen, le quieren, le odian... resulta confuso. No debería haber permitido a la hechicera unirse a su hueste.

Lilith, así se llama, les había estado esperando, si se podía confiar en su palabra, durante varias lunas en el camino desde Cross Town a Fuerte Tumulo. Su señor le había encomendado una misión, y el demoniaco adalid que en ocasiones visitaba a Kratos así se lo había confirmado. No le gustaba, y debería haberla matado a la primera ocasión, pero algo lo había impedido, y eso preocupaba aun más al Señor del Caos.

- Encontraras un aliado que es un enemigo en este lugar, antes del canto del gallo pero después de que las últimas notas de su sonido se evaporen en el día.- Una sonrisa, que bien podía ser una mueca de disgusto, ilumino el rostro de la bruja. 

Kratos no se digno a contestar, nada se podía hacer salvo seguir buscando.

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Las últimas luces del sol terminan de acariciar las murallas de la fortaleza mientras los hombres de Kratos empiezan a reunirse en el patio y uno a uno sus lugartenientes le informan de lo infructuoso de su búsqueda. Nada habita en Fuerte Tumulo más que la soledad.

Tras una breve meditación finalmente el señor del caos decide desechar su premonición y empezar a impartir
las ordenes a los esclavos traídos desde Lindertown para poner en orden la fortaleza. Pero antes de empezar a hablar una extraña niebla verde comienza a formarse en el patio. En ese instante Kratos nota que ha llegado el momento, lo que quiera que ha estado esquivandole se presenta ahora, durante la noche, para enfrentarse al señor del caos.

Con un crujido el suelo comienza a resquebrajarse en una decena de puntos antes de que unas huesudas manos comiencen a aparecer como obscenas plantas de rápido crecimiento.

Una figura fantasmal se materializa frente a los guerreros del caos.

- Soy Culchionor, señor de bretonia por la gracia de la dama hasta mi muerte. - La voz cavernosa del ser parece provenir de más haya de la figura. - Mi misión es defender esta fortaleza de todos los enemigos del rey hasta que la gran Bretonia me releve de mi puesto. Vosotros habéis profanado la tierra del Rey, y por tanto seréis castigados.- Mientras habla los esqueletos que ha surgido del suelo comienzan a formar tras él.

- ¡Te desafió Culchionor! Ya nada te ata a Bretonia. Tu rey te ha abandonado, tus hombres han muerto y tu no eres más que un espectro olvidado. Ya nadie recuerda tus hazañas. - Kratos percibe una fluctuación en el ser, no puede deducir si de ira o de consternación; pero debe ganar tiempo para que sus hombres reaccionen, por lo que continua con su diatriba.

- Si eres tan poderoso yo te desafió, si soy derrotado yo y mis hombres pasaremos a engrosar tus filas de muertos vivientes. - el señor del caos hace una pausa esperando la reacción del espectro.

- ¿Y si somos derrotados?¿Que nos pedirás a cambio? -

- Nada más que lo que os pidió vuestro señor, combatid junto a mi y limpiad estas tierras de invasores. Nada le debéis a los vivos, ya que a ellos nada les preocupa vuestro destino. ¿Quien ha venido a salvaros de vuestra horrible esclavitud?¿Quien a relevaros para permitiros descanso?. Combatid a mi lado y os concederé el descanso una vez mis enemigos estén muertos.-

El espectro permanece pensativo, los guerreros del caos ya ha formado tras su líder y los últimos barbaros alcanzan el patio antes de que el ente responda.

- Así sea. Derrotame y te ayudaremos a cambio del olvido eterno.-

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Tras el combate con Culchionor las fuerzas de Kratos se encuentran desorganizadas entre los restos del campo de batalla. El Rey Tumulario se ha rendido a las ordenes del Señor del Caos y sólo espera la llamada a las armas, pero antes Kratos debe pararse a meditar sobre su próximo movimiento.

- ¡ENEMIGO A LAS PUERTAS! - grita un vigía, su voz resuena por el patio rebotando entre las ruinas de Fuerte Tumulo. Kratos maldice su suerte mientras corre a la almenara más cercana a ver con sus propios ojos quienes son los inoportunos invasores.

Al asomarse se detiene un instante a observar la baraunta de enormes monstruos verdes, más grandes que un hombre, que se acercan a la entrada de la fortaleza. Con una rápida evaluación ,el señor del caos se hace cargo de que resulta inviable defender el fuerte con sus escasas fuerzas y decide salir a campo abierto.

- Ordena formación frente a las puertas, les saldremos al paso.-

- Son demasiado mi señor, y aun no estamos preparados tras el combate con los no muertos...- Sin mediar palabra Kratos desenvaina su espada y con un rápido movimiento cercena la mano del guardia que ni siquiera gime de dolor por la sorpresa. La mirada fulminante de Kratos corto las quejas del guerrero del caos, que se apresuro a cumplir la orden mientras se agarra el muñón.

Mientras sus guerreros tomaban posiciones, Kratos toma la mano amputada y la recubre de extraños símbolos utilizando el charco de sangre derramada por el guardia. Concluida su tarea la mera visión del objeto repugna mas allá de ser un trozo humano, los símbolos parecen deslizarse y cambiar de forma, al tiempo que se mantienen igual. Dejando la mano en el suelo empezó a entonar una invocación.

- ¡¡Garrak olit krugsar netila!!- Kratos empezó a entonar las palabras escritas en la mano. Cada vez más fuerte y mas rápido. Sus ojos quedaron en blanco mientras su voz se volvía cada vez mas gutural. Cuando parecía que no podría gritar más cogió la daga de obsidiana que portaba con gesto mecánico y un cordón recubierto de la misma escritura que portaba en el cinturón. con un rápido gesto paso la hoja por la palma y agarro el cordón, quedando el extremo del mismo justo sobre la mano amputada.


La sangre roja y oscura se deslizo entre los dedos hasta el cordón y de ahí a la podrida mano humana. Los símbolos empezaron a arremolinarse, como si una gota de aceite hubiese caído en el agua. Mientras tanto el canto del señor del caos s hizo aun mas constante. La sangre deslizo por el miembro y empezó a formar un dibujo de una primitiva estrella de ocho puntas en el suelo. Nada mas terminar el último trazo, la sangre del dibujo se evaporo repentinamente, quedando el símbolo iluminado en una fuerte luz negro rojiza.

Una mano escamosa de un color rojo intenso surgió del suelo por el símbolo, con un sonido como si la realidad misma se hubiese roto. A la mano le siguió una abombada cabeza acabada en unos enormes cuernos. La cara del demonio era una calavera roja, parecía cubierto del sangre y como si esta fluyese sobre su cuerpo. Una absurda lengua viperina de color azul brillante colgaba de una boca en la que no cabía.

- Has llamado, mortal...- la voz del engendro sonó como cuchillas entrechocando; con una furia apenas contenida.

- Me ayudaras a derrotar a mis enemigos y daré por cumplido tu pacto; todos los cadáveres en nombre de khorne; ¡¡craneos para el trono de Khorne!!- A Kratos se le estaba contagiando la furia del ser, era como una aroma que entraba en su mente, como una niebla rojiza.


- Así sea.- Contesto el iracundo ser mientras otra mano surgía de la estrella. Kratos bajo rápidamente al patio junto a sus hombres mientras del portal seguían saliendo mas demonios de khorne, como de una herida abierta. 

Con paso firme se dirigió a la puerta y paso al otro lado hecho una furia; sus hombres le siguieron un segundo después mientras la niebla de la ira del Dios Rojo les alcanzaba. Sólo los guardaespaldas de Lilith, la hechicera, se matuvierón calmados e impávidos, pues su dios era otro, y no sentían el ansia del señor de los cráneos.

Los orcos habían tomado ya posiciones de batalla. En el centro, una enorme hueste de orcos negros liderados por el propio Kragg, golpeaban sus escudos con un ruido ensordecedor. 

Un nutrido grupo de orcos salvajes se encontraba en su flanco derecho, vociferando plegarias a gorko y morko, y seguidos de cerca por un grupo de goblins que empuñaban sus arcos con cierto temor.

En el flanco izquierdo piel verde una unidad de orcos se arremolinaban en torno a un chaman que no paraba de saltar y agitar el extremo de su bastón del que colgaban pequeñas cadenas medio oxidadas acabadas en trozos de metal irreconocibles, seguidos por unos cuantos goblins cabalgando arañas gigantes las cuales chasquean sus patas delanteras al compás de los golpes de bastón del chaman, como hipnotizadas.

Los orcos comienzan a avanzar a una señal de su caudillo mientras las fuerzas de Kratos terminan de organizarse. Sus guerreros cierran filas alrededor de su señor junto a los guardaespaldas de Lilith en el centro de la linea de batalla del caos.

A su derecha los bárbaros del caos cubren al señor del caos mientras, un poco mas atrás, entre la niebla, Kratos puede distinguir el perfil de los demonios que ha convocado aun saliendo de la grieta. Pero no podía esperar, los orcos acortaban distancias cada vez mas con la linea de batalla del Caos.

- Bruja, dame magia.- Le ordeno Kratos a Lilith.


La hechicera ya no le escuchaba, pues había empezado a canturrear según los pieles verdes avanzaban. De entre sus párpados cerrados empezó a escapar una especie de niebla luminiscente de color azul brillante, al tiempo que murmuraba inteligibles versos del hechizo que estaba a punto de lanzar.

Pero algo iba mal, un sudor frió empezó a asomar en la frente de la hechicera del caos, una mueca de dolor cruzo su cara. - No..lo...puedo...controlaaarrrgghhh!!!!- La frase se convirtió en un grito de dolor al tiempo que una poderosa honda de choque salio despedida desde la frente de Lilith golpeando en su avance a todos los guerreros del caos de la unidad.

Kratos gruño al tiempo que noto una enorme presión en el cráneo que le obligo a cerrar los ojos. Cuando volvió a abrirlos observo varios guerreros del caos en el suelo, gritando de dolor mientras sus cuerpos mutaban en formas horripilantes a una velocidad imposible de seguir. Tentaculos recién creados presionaban la armadura al tiempo que protuberancias enormes la abollaban desde dentro, para un segundo después fundirse con el metal.

- ¡Maldita seas, bruja! Sufrirás por esto.- Le espeto el señor del caos a Lilith. La hechicera se  encontraba tirada en el suelo, medio incorporada, y se sujetaba la dolorida cabeza con las manos. Zarcillos de poder revoloteaban entorno a su cuerpo, como llamas apagandose. apenas podía escuchar las amenazas del guerrero.

- Mi señor. - El aviso de uno de sus guerreros desvió la atención de Kratos hacia los orcos. Varios de los pieles verdes mas grandes yacían también en el suelo inconscientes o muertos. El resto de la unidad seguía avanzando entre los montículos de carne mutada en que se habían convertido sus compañeros. El señor del caos tuvo el tiempo justo de prepararse para el impacto de la carga.

La marea verde golpeo a los guerreros de Kratos como un martillo contra un yunque. el propio Kragg empujo al señor del caos golpeándole con su hacha. Pero los guerreros del caos eran hombres del norte, casi tan grandes como los pieles verdes y cubiertos de blindadas armaduras completas. El combate comenzó a alargarse; los orcos golpeaban con fuerza pero cada vez menos hachas penetraban en las gruesas armaduras.

Kragg y Kratos se golpearon mutuamente, buscando un punto débil inexistente en la defensa del otro. El gran orco negro golpeaba con una fuerza descomunal pero el señor del caos le superaba en habilidad y desviaba los golpes más poderosos evitando la mayor parte.

En el flanco izquierdo los orcos negros combatian contra la guardia personal de Lilith con idéntico estancamiento.

Parecía que la lucha continuaría hasta agotar ambos bandos pero de pronto Kragg vacilo, su mirada se encontraba mas allá de su enemigo. Kratos vio el reflejo en sus negros ojos y noto la furia visceral que le invadía a él y a sus hombres. Con un grito inhumano, de un odio que sólo una criatura inmortal puede expresar, los desangradores cargaron sobre la endeble unidad de orcos que había quedado sola en el flanco izquierdo tras derrotar a los pocos bárbaros que Kratos había podido reunir.

El combate subsiguiente fue más parecido a la siega del trigo que a una batalla entre guerreros. Los demonios eliminaron a los orcos antes siquiera de darles tiempo a reaccionar. Según los eliminaban algunos estiraban las largas lenguas buscando la sangre que goteaba de las cabezas cercenadas, mientras que otros se bañaban en la sangre que se derramaba de los cuerpos abiertos en canal.

Los ojos del campeón se giraron hacia Kragg con una promesa de fuego, odio y dolor en ellos.

La llegada de los demonios fue suficiente para los guerreros del caos. La niebla de odio que embargo a los hombres de Kratos hizo que los orcos empezasen a perder terreno. El propio Kratos se abalanzo sin pensar en su propia seguridad sobre el gran orco negro golpeándole una, otra y otra vez con la espada contra el gran escudo de Kragg. el orco sólo podía cubrirse debajo del metal mientras la furia del señor del caos iba en crescendo. Pero la fuerza que khorne le otorgaba era inhumana. Tras varios golpes de una fuerza sorprendente un tañido resonó por todo el campo de batalla al tiempo que el escudo de Kragg se partía por la mitad permitiendo que la espada del señor del caos lo atravesase. La fortuna hizo que el orco se retirase justo a tiempo para no acabar partido por la mitad. el enorme mandoble abrió una profunda herida desde el hombro hasta la cadera y el caudillo orco cayó.

Los orcos cercanos acudieron a proteger a su jefe y lo retiraron de la batalla mientras la linea orca, completamente deshecha, se retiraba desorganizada.

Por fin Kratos, con un enorme esfuerzo de voluntad, pudo calmarse lo suficiente para pensar con cierta claridad. Sus hombres habían sufrido bajas en el combate con Culchionor y aun podía oír los gemidos de los transmutados por el fallido hechizo de Lilith. No era el momento e perseguir a sus enemigos y caer en una posible emboscada. Con un gesto detuvo a sus hombres.

Giro la cabeza hacia el demonio, que lo miraba intensamente.

- He cumplido, mortal.- No lo dijo como una petición, si no como una afirmación, al tiempo que se desvanecía en el aire entre el olor a sangre y azufre.